jueves, 2 de junio de 2016

Es madera, fue madera

Trabaja con continuas referencias a diferentes tradiciones artísticas, estilos y movimientos. En 2008, coincidiendo con su traslado de domicilio de Nueva York a la pequeña localidad de Hudson, comenzó a pintar sobre tablones de madera y secciones de troncos. Nacido en 1966 (en Jackson, estado de Michigan, EE.UU.), Jason Middlebrook afirmaba, en una entrevista de 2013, que ha pasado años de exploración intentando encontrar el espacio entre la escultura y la pintura. Antes había dicho: "A veces pienso que la madera es tan hermosa que es casi imposible hacer arte sobre ella".
      Drawing Time (Tiempo de dibujo), de Jason Middlebrook (haz clic en los términos en rojo). Acrílico sobre madera de arce, 76,2 x 94 x 3,8 cm. Año 2015

Madera transformada por abstracciones pictóricas; o por el cambio de su propia materia, como aquí:
   Sección pulida de madera petrificada de una gran conífera (69 x 49 cm), procedente de Asia, del final del Triásico (hace unos 200 millones de años) 

La madera petrificada se forma cuando la materia orgánica del árbol se sustituye por determinadas sustancias minerales. Para que esto ocurra, el árbol debe ser enterrado mientras está vivo o inmediatamente tras su muerte, ya que el oxígeno del aire causa muy rápidamente su descomposición y evitaría su transformación mineral. Tras el enterramiento, es necesaria la existencia de agua subterránea con minerales disueltos y que esta agua se infiltre en la madera. 

Durante el proceso, el agua fuertemente mineralizada va rellenando los espacios porosos de la madera (tejidos conductores, radios y espacios intercelulares)  y el mineral precipita sobre esos huecos y sobre los propios tejidos celulares, en un mecanismo conocido como permineralización. Como el proceso funciona acorde con las variaciones en permeabilidad de la propia madera, y ésta se encuentra condicionada directamente por su estructura, el resultado refleja la anatomía original del árbol. La madera, en definitiva, se comporta como si fuera una plantilla sobre la que se depositan las capas minerales. En otras ocasiones lo que se produce es un reemplazo directo, a escala molecular, de la materia orgánica por el precipitado mineral: el agua mineralizada disuelve la materia orgánica y la sustituye por el precipitado, de una forma tan perfecta que se llega a conservar ¡hasta la estructura celular original de la madera! Estos mecanismos de transformación, que en ocasiones parecen actuar de manera combinada, son en detalle sumamente complejos y están, aún hoy, sometidos a interesantes debates y discusiones. 

          Secciones transversales de alcornoque y pino rojo y de un tronco fósil silicificado de conífera, el mismo de la foto anterior. He situado en ellas los principales elementos anatómicos y la función que realizan. Además de los elementos señalados (que no son todos y que, tal como se ve, son mucho más fáciles de diferenciar en el alcornoque), en las tres secciones se aprecian con claridad los anillos de crecimiento

           Sección pulida de tronco de abeto silicificado de 17 x 16 cm, del Mioceno medio (de alrededor de 12 millones años). Sunnyside (estado de Washington, EE.UU.). Foto de Wolfgang Putz

Aunque la petrificación de la madera puede producirse con varias sustancias minerales, la más común de todas es la sílice. Por dos motivos: en primer lugar, porque el enterramiento efectivo de los árboles necesita de episodios súbitos en que se incorpore gran cantidad de sedimentos en poco tiempo, como ocurre con los depósitos volcánicos y los generados por la dinámica fluvial en llanuras de inundación y deltas, sedimentos que son capaces de aportar la sílice necesaria al agua subterránea. Y, en segundo lugar, por la elevada capacidad de la celulosa, la hemicelulosa y la lignina, principales componentes químicos de la madera, de atraer la sílice a partir de soluciones acuosas y facilitar su precipitación (sea como ópalo, calcedonia, cuarzo o como cualquier otra variedad mineral de la sílice). 

      Estructura macroscópica en una sección pulida de Hermanophyton, un género extinguido del grupo de las gimnospermas (al que pertenecen, entre otras, las coníferas: pino, cedro, abeto, araucaria, ciprés, etc.). Este tronco silicificado, de 9,5 x 10,5 cm, es del final del Jurásico (unos 150 millones de años) y procede de Cortez, Colorado (EE.UU.). Sobre una foto de Wolfgang Putz he situado sus principales rasgos anatómicos, según criterios de Mike Viney. Su curiosa anatomía ha llamado la atención de estudiosos y coleccionistas, con esa peculiar disposición del xilema en segmentos con forma de cuña 

¿En cuánto tiempo se produce la silicificación de la madera, la forma más corriente de mineralización y preservación de los árboles en el registro fósil? ¿Millones de años? ¿Cientos de miles de años? Los indicios apuntan a que el fenómeno puede ser mucho más rápido: se han documentado incipientes silicificaciones en árboles enterrados por depósitos volcánicos de erupciones ocurridas a finales del siglo XIX, como en el Monte Santa Elena (estado de Washington, EE.UU.), en el Parque Nacional de Yellowstone (estados de Wyoming, Montana e Idaho) o en Nueva Zelanda. 

Un interesante estudio experimental, llevado a cabo por investigadores de varias universidades alemanas y publicado en la revista Geochimica et Cosmochimica Acta (Ballhaus y colaboradores, 2012), aclara algo más al respecto. En laboratorio replicaron las reacciones que ocurren en la naturaleza cuando los árboles quedan cubiertos por depósitos piroclásticos, trabajando con agua caliente enriquecida en sílice y diversas muestras de madera de abeto. Y, aunque reconocen que el experimento simplifica las condiciones que se dan en los complejos sistemas naturales (esta afirmación es una obviedad aparentemente innecesaria, pero así lo dicen), han concluido que con él se respalda la idea de que la silicificación completa de un árbol puede llevarse a cabo en escalas temporales de sólo miles de años. Concretamente, con uno de los dos modelos que consideraron de penetración de la sílice en la estructura de la madera, obtuvieron un resultado de unos 3.600 años. 

Uno de los mecanismos que está también involucrado en la creación de la madera silicificada es la recristalización de la sílice. La fijación inicial de la sílice en la estructura de la madera se suele producir a través de variedades amorfas, no cristalinas, como es el ópalo. El mismo que nuestros amigos alemanes del experimento obtuvieron en sus pruebas. Pero el ópalo, en la naturaleza, se acaba transformando en otras variedades minerales más estables, como la calcedonia o el cuarzo (que, estas sí, son cristalinas). De hecho, si analizamos maderas fósiles de hace más de 30 o 40 millones de años, se observa que sus principales componentes son la calcedonia y el cuarzo, mientras que el ópalo predomina en los árboles fósiles más jóvenes.Y este mecanismo de recristalización, por el que se pasa de unas variedades minerales a otras más estables, se ha venido tradicionalmente considerando como un fenómeno muy lento, del orden de decenas de millones de años. Aunque no parece que siempre sea así: si la transformación del ópalo en cuarzo se produce en ambientes hidrotermales (con fluidos calientes, muy a menudo asociados a regímenes volcánicos), en determinadas condiciones este periodo se puede acortar de forma espectacular hasta menos de 50.000 años, tal como ha puesto de relieve George Mustoe, de la Universidad Western Washington, uno de los más destacados investigadores en el proceso de silicificación de la madera.

Árboles aislados o formando auténticos bosques de piedra, con magníficos ejemplos en diferentes partes del mundo. Como estos, entre otros muchos:

            Bosque petrificado en la isla de Lesbos (Grecia). Se generó como consecuencia de la intensa actividad volcánica al norte del Egeo, hace unos 20 millones de años (Mioceno). Forma parte de la Red Global de Geoparques de la UNESCO, con el nombre de Geoparque de Lesbos 
                   
Parque Nacional del Bosque Petrificado (Arizona, EE.UU.). Los árboles se encuentran en una unidad geológica compuesta por capas de areniscas y lutitas (rocas de grano fino, con partículas de tamaño limo y arcilla) de origen volcánico. Se formaron en el Triásico Superior, hace unos 210 millones de años (foto de Alexander Morozov)

Tronco fósil en Hacinas, localidad situada en la comarca de Salas de los Infantes (Burgos, España). En la zona se han encontrado numerosos ejemplares, ligados a antiguas llanuras deltaicas formadas entre hace 110 y 130 millones de años (Cretácico Inferior). La posición de la península ibérica en esa época puede verse haciendo clic aquí 

Vista parcial del tronco fósil, de 17 metros de longitud, exhibido en el Centro de Visitantes El Berrocal (Almadén de la Plata, Parque Natural Sierra Norte de Sevilla, España). Se trata de una conífera, posiblemente una araucaria. Su enterramiento se produjo por depósitos volcánicos, hace unos 300 millones de años (Carbonífero superior). La posición en que se situaban los terrenos que albergaron a este y a otros árboles de la época, puede verse aquí      
Y también son árboles, esta vez de madera, los que David Nash convierte en creaciones que conservan su esencia original y a los que otorga nuevos significados (o nuevos interrogantes, quién sabe): 

  Three Butts (Tres colillas), de David Nash, 2012. Troncos de eucalipto cortados y parcialmente quemados (fotos: Walter Menzies y Bonnie Alter)

Oculus Block (2012), de David Nash. Unión de dos tocones de eucalipto (fotos: The Times y Bonnie Alter). Nash aparece de escala en una de las fotos

Dice David Nash (Esher, Reino Unido, 1945): "Llevo toda mi vida trabajando con la madera y, aunque he decidido explorar otros materiales, siempre vuelvo a ella con una veneración especial". Sus esculturas, realizadas con árboles muertos, buscan el equilibrio entre el propio material y el lugar en que se van a colocar. Para él, seguramente, la madera es la vida en la que casi nunca nos fijamos. 

Con madera, o con productos elaborados a partir de ella, el brasileño Henrique Oliveira (Ourinhos, estado de Sao Paulo, 1973) fabrica árboles exuberantes y portentosos, o imaginaciones que los suplantan, y que siempre evocan la explosión de la naturaleza.
    Transarquitectónica (2014), de Henrique Oliveira. Museo de Arte Contemporáneo (Sao Paulo, Brasil). Madera, brics, barro, bambú, PVC, contrachapado de madera, ramas de árbol y otros materiales. Dimensiones: 5 x 18 x 73 metros  

        
De Henrique Oliveira. A la izquierda, Desnaturaleza, 2011 (Galería Vallois, París, Francia). Contrachapado de madera de 3,1 x 3,8 x 3,6 m. Derecha: Baitogogo, 2013 (Palacio de Tokio, París, Francia). Contrachapado de madera y ramas de árbol, 6,74 x 11,79 x 20,76 m

 Xilonoma Chamusquius (2010), de Henrique Oliveira. Contachapado de madera, quemado, y pigmentos, 3,3 x 4,4 x 0,9 m

Estoy leyendo un libro que recoge varios ensayos de Arthur C. Danto, filósofo y crítico de arte. En uno de ellos, titulado Kant y la obra de arte, he subrayado hace un rato: "Hoy el arte puede hacerse de cualquier cosa, con cualquier cosa, y para presentar ideas de cualquier signo. Esta evolución pone grandes presiones interpretativas sobre los espectadores, a la hora de comprender la forma en que el espíritu del artista se comprometió a presentar las ideas que le preocupaban" (Qué es el arte, página 129. Editorial Paidós, 2013).   
  
                      



Y acabo con María Ortega Estepa (Córdoba, España, 1983), cuya obra me sirvió como arranque, idea inicial, para esta entrada. En el catálogo de su proyecto expositivo Mapping-me (2014), donde incluyó las dos obras que aparecen abajo, cuenta: "El árbol es un elemento iconográfico persistente en mi trabajo, lo concibo como un monumento de los siglos que no vivimos. Única ordenación de tiempo y espacio, completando la metáfora del topógrafo que ahora conforma la savia del árbol". Color, memoria, cartografía, troncos, anillos, raíces (explosión de pensamientos y felicidad).  
 Mapping-me: La escasez, de María Ortega. Acrílico y lápiz sobre madera, 20 cm de diámetro

  De la serie Paisajes de mil vidas, de María Ortega. Serpentinas de papel, madera. Medidas variables

NOTA FINAL. Si quieres, puedes seguir el blog a partir de ahora en la página que he abierto en Facebook. La página se llama igual, Arte y Geología, y esta es la dirección: www.facebook.com/arteygeologia/

6 comentarios:

  1. ¡¡Estupendo reportaje, genial y didáctico!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    2. Gracias, Arantxa, me alegro mucho que te haya gustado y también que te haya parecido didáctico. Pásate por aquí cuando quieras, procuro publicar una entrada al mes.
      Un saludo.

      Eliminar
  2. Ostras Joaquín! No sabía esta faceta tuya... que bueno encontrarte por aquí. Un café al Emilio? Jejeje! Abrazos! :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Sting. Ya ves, uno siempre es poliédrico. Yo también me alegro que hayas pasado por aquí (casi nos pilla más cerca que tomarnos un café en Quito). Un abrazo.

      Eliminar
  3. Felicidades de nuevo Joaquín y es todo un honor que hayas brindado un huequecito a mi obra.
    Un beso enorme y gracias!!

    ResponderEliminar