jueves, 8 de junio de 2017

La patata de Potsdam y otras miradas al planeta

Apenas nos hemos dado cuenta. Pero la visión que tenemos de nuestro planeta, la Tierra, ha cambiado drásticamente desde los primeros satélites artificiales, utilizados hace ya cerca de setenta años para estudiar las capas altas de la atmósfera, hasta nuestros días. Meteorología, oceanografía, agronomía, dinámica vegetal, hidrología, cartografía y geodesia, geología y muchos otros aspectos del conocimiento han avanzado enormemente gracias a los datos aportados por la instrumentación a bordo de los satélites.

En el año 2011 el Instituto Alemán de Investigación en Geociencias (German Research Centre for Geosciences, GFZ), situado en la ciudad de Potsdam, elaboró un nuevo modelo de geoide, el cuerpo geométrico definido en base a las variaciones del campo gravitatorio de la Tierra. Estas variaciones no solo son debidas al mayor achatamiento en los polos, sino a una desigual distribución de masas en continentes, océanos y en el interior del planeta, así como a variables relacionadas con el clima, como el balance de agua en los continentes y el deshielo de los glaciares.

     Modelo EIGEN-6C del campo gravitacional de la Tierra, más conocido como la patata de la gravedad de Potsdam. Se elaboró a partir de los datos instrumentales proporcionados por los satélites LAGEOS, ERS, CHAMP, GRACE y, especialmente, GOCE, de la Agencia Espacial Europea. También se tuvieron en cuenta datos de superficie de altimetría y gravimetría. Imagen: German Researh Centre for Geosciences, GFZ

Muchas características de este modelo pueden atribuirse a rasgos con expresión en superficie, como las grandes cordilleras o las dorsales oceánicas. Otras, en cambio, pueden estar relacionadas con densidades inusualmente altas o bajas en el interior terrestre. Este tipo de modelos también ayuda a evaluar cambios que se producen en la superficie de la Tierra, como los relacionados con el derretimiento del hielo en los polos y glaciares o las modificaciones de las corrientes oceánicas. 

Este (relativamente) nuevo modelo de 2011 presenta una resolución espacial cuatro veces mayor que la anterior patata de Potsdam, la del año 2005 que aparece aquí abajo: 

Esta es la anterior patata de Potsdam, del año 2005. Los colores rojos indican áreas donde la gravedad es ligeramente más fuerte que la normal, mientras que los colores azules indican zonas donde la gravedad es ligeramente más débil. Este modelo se elaboró solo con las medidas facilitadas por los satélites GRACE (NASA y Agencia Espacial de Alemania) y CHAMP (Alemania), así como con datos de superficie. Imagen: German Research Centre for Geosciences, GFZ 

    Geoide (detalle), obra de Salim Malla. Técnica mixta, atlas,hierro, 40 x 25 x 25 cm. Año 2014

Esta obra, Geoide, es una mirada al planeta, pero construida al revés: un atlas se basa en pasar de una forma física a una figura matemática, y de una esfera al plano; aquí el artista se ha servido de láminas planas de un atlas para la reconstrucción tridimensional del planeta: o, mejor dicho, una abstracción geométrica del mismo. Todas esas abstracciones que hacen que tengamos, también, modelos mentales de un mundo que no podemos abarcar, pero que continuamente nos lo imaginamos a través de sus representaciones.

Salim Malla (Vitoria-Gasteiz, España, 1976) manifiesta a través de sus obras el interés por cuestionar los medios y formas de conceptualización del territorio de los que se vale el ser humano: "Me interesan las limitaciones de los sistemas de observación, representación y acotación del espacio, las incertidumbres que contienen las múltiples teorías y leyes científicas implicadas, así como las relaciones de fuerza que se establecen entre el hombre y la naturaleza a través del desarrollo técnico y científico. Construyo objetos de forma artesanal a partir del desarrollo conceptual de estas ideas, artefactos que combinan diferentes medios como la escultura, la fotografía o el grabado".

Otra perspectiva bien diferente es la que aporta el fotógrafo estadounidense Michael Benson (1962). Sus imágenes son una mezcla de lo que él considera arte, ciencia y tecnología fotográfica. Imágenes poéticas y precisas que ilustran a menudo artículos científicos y noticias de exploración espacial. Las compone a partir de las bases de datos de fotografías sin tratar de la NASA y la Agencia Espacial Europea, que selecciona, corta, combina y recompone en mosaicos fotográficos:

La Tierra sobre el horizonte de la Luna, de Michale Benson, año 2016, 249 x 183 cm. La imagen la compuso a partir de fotografías realizadas el 15 de octubre de 2015 por la cámara de la sonda espacial estadounidense Lunar Reconnaissance Orbiter 

El artista franco-argelino Fayçal Baghriche (Skikda, Argelia, 1972) expresa su forma particular de ver el mundo, a veces como si este fuera un escenario de ciencia ficción: "Mis obras se basan a menudo en gestos fundamentales: sustraer, invertir, acelerar,... Un globo que gira tan rápido que no se pueden distinguir los contornos de los continentes, banderas enrolladas sobre sí mismas que no dejan mostrar más que la parte roja que las compone, un vídeo en el que está invertido el curso del tiempo... (de una entrevista de 2009, publicada en Revue Laura, número 8). 

Un planeta, la Tierra, que gira a una velocidad superior a la nuestra: 
Souvenir, de Fayçal Baghriche, año 2009. Globo terrestre iluminado y motor, 150 cm de diámetro y 180 cm de alto

La británica de origen palestino Mona Hatoum (Beirut, Líbano, 1952) utiliza con frecuencia objetos y utensilios domésticos en sus obras, con los que busca nuevas formas de pensar sobre lo cotidiano. 

En una entrevista con Fietta Jarque en el año 2010, Mona Hatoum contaba: "La asociación de ideas y objetos siempre tiene muchas lecturas, casi tantas como personas. Hay una carga emocional que les da otros significados.El surrealismo me ha enseñado que hay que ver debajo de la superficie de las cosas [...]. Pero fue el descubrimiento del minimalismo cuando era estudiante lo que realmente me marcó. Tanto como el modernismo y el arte conceptual. El pensamiento riguroso, lo cerebral que logra su expresión por encima de lo meramente visual. En realidad soy el tipo de persona a quien le gusta que su obra tenga de todo: que sea visualmente atractiva, que te llegue tanto a nivel físico como emocional y que también te haga pensar. Si logro que cada una de mis obras funcione a cada uno de esos niveles, me siento satisfecha". 

      
  

            Hot Spot III (punto caliente), de Mona Hatoum, año 2009. Acero inoxidable y tubos de neón, 234 x 223 x 223 cm. (Fotos: arriba, Nadine Averink, vía Les arts plastiques à Paul Claudel-d'Hulst; abajo, Nick Malyon, vía The original Neonneon

La obra, Hot Spot, le vino a Mona Hatoum a la mente en 2006, cuando Israel bombardeó Líbano. Y pensó que los puntos calientes ya no están restringidos a ciertas partes del mundo, sino que abarcan todos los continentes, tal como los ha destacado con neón rojo en este peculiar y elegante globo terráqueo. Lo que también contrasta, y enlaza, con el concepto de "punto caliente" (hot spot) cuando nos referimos a nuestro planeta como entidad física. 

El término "punto caliente" se introdujo en la teoría de tectónica de placas para explicar el volcanismo anómalo: el que ocurre lejos de los límites de placas (Hawái o Canarias, por ejemplo) o el que se manifiesta en cantidades excesivas a lo largo de las dorsales oceánicas (Islandia). El geofísico estadounidense W. Jason Morgan formuló, en 1971, la hipótesis de los puntos calientes alimentados por penachos o columnas de material del manto terrestre a alta temperatura, que tendrían su origen en el límite entre el manto y el núcleo terrestres (es decir, a 2.900 km de profundidad), idea que ya fue sugerida ocho años antes por el geólogo canadiense Tuzo Wilson. En esa época empezaba a consolidarse, aunque con no pocas resistencias, el modelo global de tectónica de placas.

El origen de los puntos calientes, sin embargo, sigue siendo controvertido: para un sector de investigadores bastaría con un estiramiento litosférico que facilite, a través de fracturas profundas, la formación y ascenso de roca fundida, o magma, a la superficie; para otros, sin embargo, estos puntos representan la subida de material profundo desde la base del manto inferior, a través de los denominados penachos térmicos: hay casos claros en que ocurre de esta manera. Y ambos grupos de hipótesis presentan, a su vez, numerosos matices y variaciones, en función tanto de las características específicas e historia geológica del emplazamiento como de las técnicas empleadas para su estudio. 

Fragmento de mapa del mundo en el que he señalado áreas volcánicas cuya génesis se ha propuesto en ocasiones como debida a puntos calientes (hot spots), aunque actualmente se considera que no todas ellas responden exactamente a este modelo (Canarias, por ejemplo). El mapa base, con los límites de las principales placas, proviene del editado en 2006 por USGS (Servicio Geológico de EE. UU.), Smithsonian Institute y U.S. Naval Research Laboratory  


"Veo, en un artículo sobre la producción reciente de un joven artista, la foto
de un montaje de arena en el piso. ¿Cuál es la obra? Puede ser arena del Sinaí
transportada a un museo de Alaska, o la idea es que los espectadores 
la desparramen, o se sienten encima,
 o se lleven un granito cada uno, o puede estar tapando una escultura de Brancusi...
No se puede fotografiar un concepto".
(César Aira, Sobre el arte contemporáneo, 2016) 

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Próxima entrada: primera semana de agosto de 2017. Mientras, sean felices (con moderación).

    

2 comentarios:

  1. Hola, Manolo. Un abrazo, espero que estés muy bien y me alegro que te pases por aquí de vez en cuando.

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