domingo, 1 de mayo de 2016

Emily y Elena, con la misma piedra

Nada de ligereza o vacío. Sus obras, al contrario, pretenden mostrar la fuerza de la naturaleza, el tiempo grabado en las piedras que talla. Tiempo geológico como una pista que ayude a situarnos en el dónde y en el por qué. La escultora Emily Young, nacida en Londres en 1951, cincela rostros humanos en rocas que deja parcialmente sin tocar, buscando la relación entre el mundo de los vivos y la aparente naturaleza muerta del material con el que esculpe. Dice: "Veo mi trabajo como una conversación que mantengo con una roca, un proceso de eliminación hasta que llego a algo que considero aceptable".
    Selene, de Emily Young. 90 x 192 x 108 cm, 2011 (clic en los términos en rojo para enlace)

Varias de estas monumentales cabezas, algunas con un peso superior a las cuatro toneladas, las expuso bajo el título "Metafísica de la piedra". Las que aparecen a continuación, al igual que la anterior, están esculpidas en travertino
 Emily Young, con una de sus esculturas (The New York Times, 23 de octubre de 2014, foto de Annie Hanson)

Los bloques de travertino que ha utilizado proceden de canteras abandonadas del sur de Toscana, Italia, donde vive parte del año. En concreto, de una zona próxima al Monte Amiata, un volcán extinto que tuvo sus principales fases de actividad entre hace 190.000 y 300.000 años. 
 

Heraclitus (92 x 57 x 30 cm) y Time Boy (170 x 114 x 124 cm). Emily Young, 2011

El término travertino es sin duda ambiguo, ya que se ha utilizado con distintos significados, aunque todos ellos para designar a unos tipos de rocas calizas, a veces muy porosas, formadas por precipitación en manantiales y ríos (también por flujos y goteos en el interior de cuevas) a partir de aguas cargadas en bicarbonato de calcio disuelto. Y el enriquecimiento en bicarbonato cálcico está provocado, generalmente, porque esas aguas han atravesado otras rocas calizas.

La palabra travertino deriva de la expresión latina Lapis Tiburtinus: piedra de Tibur, por el antiguo nombre de la ciudad que hoy se conoce como Tívoli, a unos 30 km al este de Roma. Allí se encuentran las canteras que se han explotado desde el siglo II antes de nuestra era (y que se siguen explotando en la actualidad), de las que se obtiene el clásico travertino romano. Algunas de estas canteras proporcionan una roca de blanco-amarillenta a beige, muy dura y compacta, mientras que de otras se extrae un travertino blanquecino, poroso y más blando.
          
Dos monumentos realizados con el travertino romano más poroso y blanco: el Coliseo y la columnata de Bernini, en la Plaza de San Pedro (Roma)

Muestra pulida de travertino romano, de color beige. Comercialmente, al travertino pulido se le denomina con cierta frecuencia "mármol travertino" (no es un mármol en sentido estricto, ya que el término se debe aplicar a rocas calizas que hayan sufrido metamorfismo). Aunque, todo hay que decirlo, la palabra "mármol" tiene su origen en el griego, con el significado de "brillar", y así lo utilizaban los antiguos griegos para designar a todo tipo de rocas pulidas de uso decorativo

     Otra muestra de travertino pulido, procedente de Italia. Para mayor confusión: los travertinos con bandas de colores contrastados, como el de la foto, también se comercializan como "mármol ónix", o solamente como "ónix" (sin embargo, el ónix u ónice es un mineral de sílice, una variedad de cuarzo de aspecto bandeado). Otro nombre, que han usado especialmente arqueólogos para designar a travertinos similares a éste, es el de "alabastro calcáreo" o "alabastro oriental" (recordemos que el alabastro es una variedad del yeso, microcristalino y traslúcido). En fin, con los nombres nos vuelven locos

Olvidando las denominaciones comerciales y volviendo a las de carácter científico, desde los años 90 del siglo pasado se han vuelto a reconsiderar los términos para designar a estas rocas calizas formadas en medio terrestre (llamadas también calizas secundarias). Así, el travertino en sentido estricto se corresponde con una roca poco porosa, organizada en capas paralelas y -sobre todo- en finas láminas que a veces sólo se distinguen al microscopio, en la que predomina un cierto grado de cristalinidad.

La toba calcárea designa a una roca, muy porosa y esponjosa, de aspecto masivo y con abundantes restos y moldes de plantas (algas, musgos, helechos y otros organismos vegetales macro y microscópicos), e incluso fósiles de invertebrados. Por el contrario, los travertinos, aunque presentan fósiles, lo hacen en mucha menor cantidad y diversidad; y, con cierta frecuencia, la presencia biológica llega a reducirse exclusivamente a microorganismos (cianobacterias y otras bacterias y organismos microbianos). Un último grupo de carbonatos secundarios son los formados en el interior de las cuevas (estalactitas, estalagmitas, etc.), a los que se denomina, ya desde hace tiempo, espeleotemas.

Cantera de travertino en Tívoli (Italia, cerca de Roma) y afloramiento de toba calcárea en Torremolinos (Málaga, España). En estos dos ejemplos se aprecia la diferencia entre la organización en bandas y láminas de los travertinos frente a la estructura esponjosa y de aspecto masivo que tienden a proporcionar las tobas. A veces las diferencias no son tan claras y hay marcadas convergencias entre unos y otras. Además, algunas tobas calcáreas, si han adquirida suficiente dureza y cristalinidad a través de procesos posteriores a su sedimentación, pueden ser también pulidas y utilizadas como rocas ornamentales

Y ahora viene lo mejor. Tanto las rocas esculpidas por Emily Young como el clásico travertino romano (y el resto de travertinos) tienen una característica común relacionada con su génesis: se han formado a partir de surgencias termales, muy frecuentemente asociadas a regímenes volcánicos. Por ello, estas aguas, de templadas a calientes (siempre por encima de la temperatura ambiental), es habitual que contengan ciertas cantidades de sulfatos, lo que limita enormemente el desarrollo de vida sobre ellas: de ahí la escasa presencia de fósiles de organismos de cierta complejidad en los "auténticos" travertinos, sobre todo cuando al contenido en sulfatos se añaden unas temperaturas  especialmente altas del agua.
   
Dos ejemplos de calizas secundarias que están actualmente en proceso de formación: el travertino de Pamukkale (Turquía) da lugar a un auténtico "desierto blanco", que contrasta con la frondosa vegetación instalada en una zona en la que se está generando una toba calcárea, en este caso en las cascadas del Huéznar (Parque Natural Sierra Norte de Sevilla, España). En Pamukkale ("castillo de algodón", en turco) el agua tiene un alto contenido en sulfatos y surge a unos 35º C a través de cuatro manantiales, localizados a lo largo de una falla (la falla de Pamukkale)

En definitiva, la temperatura del agua en que se forman es el principal argumento que se ha utilizado para diferenciar los travertinos de las tobas calcáreas. Con ello, se pretende orientar sobre los distintos ambientes en que se han generado y, en lo posible, sobre las características de las rocas resultantes. Tarea nada fácil: sobre todo, por la gran variabilidad de condiciones locales en que se crean ambos tipos de rocas. 

Las propuestas artísticas de Elena Damiani (nacida en 1979 en Lima, Perú) son bien distintas a las de Emily Young, pero comparten su interés por el tiempo y por la Tierra. Elena reconoce que la mayor parte de su trabajo fluctúa entre un pasado indeterminado y el presente. Y siempre con el paisaje como un patrón recurrente que la permite, según sus palabras, elaborar una poética sobre el territorio.
          Tiempo perdido, de Elena Damiani (2015). Travertino tallado y pulido a mano, ónix, resina y acero inoxidable
Con esta obra, Damiani quiere llamar la atención sobre la naturaleza discontinua del tiempo, mostrada a través del propio travertino y de su forma de disponerlo (como si fueran testigos de sondeos colocados de forma contigua). Para, así, crear una secuencia en que las interrupciones, precisamente, son las claves. Testigos que hablan de la continuidad y la ruptura, dos realidades de la historia de la Tierra... pero no sólo. 
 
Detalles de Tiempo perdido (Elena Damiani, 2015). Esta obra formó parte de su trabajo "Testigos: un catálogo de fragmentos", que se expuso en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC (Ciudad de México) entre septiembre de 2015 y febrero de 2016

Por cierto, el travertino de las canteras de Tívoli, el famoso Lapis Tiburtinus, comenzó a depositarse hace unos 115.000 años y finalizó hace 30.000, según las dataciones radiométricas realizadas por Faccenna y colaboradores, de la Universidad Roma Tre, publicadas en 2008. Una roca muy joven. De hecho, la gran mayoría de travertinos existentes en el mundo pertenecen al Cuaternario (menos de 2,6 millones de años). En periodos anteriores son muchísimo menos frecuentes debido tanto a su baja capacidad de preservación frente a los procesos erosivos, habituales en ambientes terrestres, como al reducido espesor y extensión de sus dispersos afloramientos. 

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9 comentarios:

  1. Excelente artículo, Joaquín
    Para los que somos "piedrómanos" y nos tira el arte, esta relación resulta de lo más sugerente. Aprender a leer un paisaje, por ejemplo,desde esta perspectiva, es una de esas asignaturas pendientes de la mayoría.Al menos, nos acercaríamos a la visión de Elena, combinando adecuadamente la ciencia y la poésía.

    Dice Emily: "Veo mi trabajo como una conversación que mantengo con una roca, un proceso de eliminación hasta que llego a algo que considero aceptable".
    Comparto su visión , y la hago extensible a otras diferentes manifestaciones de arte, ya sea papel, lienzo, madera, tejido,...con los que se entabla un diálogo que irá mostrando el camino a recorrer hasta llegar al punto que el material te está invitando a descubrir...

    Leía una vez: "Los que tallaron imágenes de Dios en piedra, eran gente sabia. Su mensaje profundo era que, en tanto no puedas ver a Dios en un trozo de piedra,... no sabes nada. Cuando no podemos verle en un cuerpo viviente,...¿Cómo podemos ver a Dios en un trozo de piedra muerta?.
    El razonamiento de los talladores era que si tu puedes comenzar a ver a Dios, en un simple trozo de piedra,... entonces no habrá lugar donde no lo veas.
    ¿ver a Dios en todo?¿divinizar el mundo con otra visión?

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    1. Me alegro, Miguel Ángel, que te haya gustado.
      En este blog planteo conexiones, o sugerencias, entre el arte (especialmente el "contemporáneo") y la ciencia (en este caso, la geología), con el objetivo de divulgar algunos aspectos de esta última. Y también del arte. Son dos formas de comprender -y expresar- la realidad, con evidentes nexos (y diferencias, claro está), ambas sometidas a continuo cambio y evolución. Como escribió Jorge Wagensberg (ver "Ciencia y arte: es lo mismo, pero no es igual", en Métode 73, año 2012; se puede consultar en línea) "la humanidad ha vivido momentos en los que científicos y artistas se han interesado los unos por los otros. Tales momentos son, con mucho, los más creativos de la historia". La mística (la divinidad, la experiencia de lo divino) queda al margen de estos planteamientos y, desde luego, de mis campos de interés.
      Un saludo.

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  2. Preciosas las obras !!!Un gustazo pasar por tu blog. Por cierto el tal "travertino" estaba destinado al éxitos:Italiano, caliente, laminoso y sugerente él . Alicia Ranea

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  3. Muchas gracias, Alicia R. Ya ves, no siempre las piedras son frías (proporcionan, a veces, calor y alegrías; las joyas, esas sí, son las que no tenían alma).
    Un saludo.

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  4. Muy interesante Joaquín. Felicidades por el Blog

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  5. Gracias, Luis. Me alegro que te haya resultado de interés. Pásate por aquí cuando quieras. Publico, más o menos, una vez al mes. Un saludo.

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  6. Me encanta el tema. Cuando tocas las piedras, las rocas, (por lo menos a mi me pasa), algo se ordena en el interior. La naturaleza vibra y eso los humanos lo percibimos. El arte en piedra es bello, es evocador, nos cura.

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  7. Joaquín,
    Felicidades !!! Me ha encantado como abrazas el arte y la geología. Este artículo me brinda especial apego, mi simpatía o inclinación hacia el travertino ayuda a esta visión más cercana. Te congratulo por tu especial riqueza en documentar y expresar todo el contenido que tu sutil pensamiento desea reflejar, facilitando así la interacción con el lector que le permite soñar, viajar y aprender.
    Un fuerte abrazo!!!

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  8. Muchas gracias, Carlos, por tus palabras. Me alegra enormemente, como te puedes imaginar, que te haya gustado. Un abrazo y hasta pronto.

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